La depresión y la corrupción Vs el antidepresivo y la vaca

Por Gonzalo Carrasco, Director El Guardián de la Salud

 

Solo espero que las masivas protestas, junto con los despreciables y descontrolados hechos perpetuados por vándalos aprovechadores, que ocurrieron casi sin freno debido a la soberbia del gobierno, entreguen claridad sobre lo que real y profundamente estamos viviendo en Chile. Espero que salga a la luz lo que ha hecho estallar el descontento, y la ira que los ciudadanos han ido acumulando al ver tanta corrupción de parte de gobiernos, religiones, autoridades y grandes conglomerados económicos.

Ahora, una parte no menor del problema, tanto su causa como su desenlace, creo que tiene directa relación con los índices de depresión y ansiedad en Chile, los cuales, según la Organización Mundial de la Salud, están por sobre el promedio mundial.

De acuerdo a la Clínica Mayo, la depresión se define como “un trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades”, afectando los pensamientos, sentimientos y, por consecuencia, el comportamiento.

Corrupción y falsas soluciones

Las farmacias en Chile venden los fármacos muy por encima de su valor real, además de coludirse para que, entre ellas, salgan todas beneficiadas a costa de los bolsillos de quienes creen ciegamente encontrar alivio en estas drogas que, además de ser ilusiones caras, son altamente adictivas.

El título de esta editorial se debe a lo que hemos podido extraer como síntesis de una historia sobre la depresión y la ansiedad, que compartió Johann Hari en una charla TedTalk:

Hari no entendía por qué existe tanta depresión y ansiedad hoy en día. ¿Por qué con cada año que pasa a más y más de nosotros nos cuesta lidiar con el día a día?

Él mismo padecía estos trastornos y los médicos le decían que se debía a un desequilibrio químico a nivel cerebral. Y obviamente le recetaron fármacos. Pero luego de un tiempo volvía esa sensación de dolor emocional, que era como si saliera desde dentro de su ser.

Según el médico, debía aumentar la dosis del fármaco. Y aún así seguía volviendo esa sensación de un dolor que brotaba desde dentro.

El tema de los desequilibrios químicos a nivel cerebral es una manera demasiado simplificada de abarcar estas problemáticas. Hari viajó por el mundo visitando expertos en depresión y ansiedad, descubriendo que se han comprobado 9 causas para estos males, y solo 2 de ellas tienen que ver con un desequilibrio químico relacionado a la genética, alguna predisposición hereditaria o algún cambio real a nivel cerebral.

Las otras 7 tienen relación con factores de la vida que pueden ser tratados sin fármacos. Es decir, la mayoría de los factores no están en nuestra genética, sino que son factores relacionados con la forma en que vivimos.

Por ejemplo:

  • Si te sientes solo es más probable que te deprimas.
  • Si cuando vas al trabajo no tienes prácticamente ningún control sobre lo que haces, también es más probable que te deprimas.
  • Si no tienes suficiente contacto con la naturaleza también.
  • Y así otras situaciones más que de seguro te puedes imaginar…

Aparte de las necesidades básicas como alimento, abrigo, etc., cada ser humano tiene necesidades psicológicas básicas: sentir que perteneces, que tu vida tiene significado y propósito, que eres visto y valorado, que tienes un futuro que te hace sentido.

Ahora, esta cultura que hemos construido es buena en muchas cosas, muchas cosas son mejores que en el pasado y Hari deja en claro que él se alegra de estar vivo ahora, pero a la vez, enfatiza que nos hemos vuelto peores en cuanto a satisfacer nuestras profundas necesidades psicológicas (que de seguro abarcan también lo espiritual).

La vaca antidepresiva

Hari cuenta que le costó mucho cambiar su forma de pensar acerca de su depresión y dejar de verlo como algo que solo estaba en su mente, para poder considerarlo como algo que era producto de muchas causas relacionadas a la forma en que estamos viviendo todos.

Así, la claridad de un psiquiatra en Sudáfrica lo hizo comprender. Le habló de algo que pasó en Cambodia en el 2001, cuando recién introdujeron los antidepresivos químicos. Ahí los médicos locales nunca habían conocido tal cosa y cuando él como psiquiatra les habló de estos fármacos, ellos le respondieron que no los necesitaban porque ya tenían antidepresivos. Él pensó que le iban a hablar de algún remedio herbal tradicional como la hierba de San Juan, el ginkgo biloba o algo así. Pero en vez, le contaron una historia:

Había un granjero en su comunidad que trabajaba en los campos de arroz. Y un día pisó una mina terrestre que había quedado de la guerra con los EE.UU. y le voló la pierna. Los médicos le dieron una pierna ortopédica y después de un tiempo él pudo volver a trabajar en los campos de arroz. Pero aparentemente es superdoloroso trabajar bajo el agua cuando tienes una prótesis, y probablemente también era bastante traumático volver a trabajar en el mismo campo donde ocurrió la explosión que le quitó la pierna.

El hombre comenzó a llorar todo el día. No quería levantarse de la cama y desarrolló todos los síntomas clásicos de una depresión. “Fue entonces cuando le dimos un antidepresivo”. Explicaron que fueron y se sentaron con él, lo escucharon, y se dieron cuenta de que su dolor tenía sentido, en realidad tenía causas dentro de su vida perfectamente comprensibles.

Uno de los médicos comenzó a hablar con las otras personas dentro de la comunidad y les dijo: “Si le compráramos una vaca a este hombre, él podría volverse un lechero y ya no estaría en esta posición que tan mal lo ha dejado y no tendría que ir a trabajar en los campos de arroz”. Así que le compraron una vaca.

Dentro de un par de semanas su llanto se detuvo, y dentro de un mes su depresión había desaparecido. “Así que, como ves, esa VACA fue un antidepresivo. A eso te refieres, ¿cierto?”

Ciertamente los chilenos no sufrimos todos de depresión, ni estamos carentes de antidepresivos, como nos quieren hacer creer. Más bien, como aquel granjero con su prótesis, nos encontramos soportando políticas con hechos deshonestos y promesas vacías, que aumentan los problemas típicos de una sociedad cada vez más mecanizada y menos humana. La corrupción escandalosa ha rebalsado los depósitos de ira de muchos que hoy ya no creemos en el sistema médico-farmacéutico, en la educación, en el sistema de pensión y, mucho menos, en los políticos en general.

Y me atrevo a decir que nuestra vaca está en Dios, quien puede ayudarnos aumentando nuestra sabiduría para poner en el poder a gobernantes que cumplan con los requisitos de integridad y que contribuyan con buenas decisiones a cambiar el rumbo de nuestro hermoso país hacia algo mejor. Pero por sobre todo, es Dios quien nos puede dar un corazón valiente y fuerte que nos ayude a detener a quienes, por maldad, se aprovechan y destruyen edificios y herramientas dentro de la sociedad que nos aportan y que tanto ha costado tener, poniendo en duda la decencia de la gran mayoría de nosotros.

Hemos querido enfocar esta edición a todas las temáticas de salud que pueden verse provocadas o exacerbadas por los sucesos que hemos estado viviendo a nivel país.

Un abrazo y muchas gracias a nuestros lectores que nos contactaron mostrando su preocupación. Si Dios así lo quiere, será ¡hasta la próxima!

 

 

 

 

Busquemos resultados, no títulos académicos

Por Gonzalo Carrasco y Ruth Modra

Tal vez por nuestra conciencia social acerca del concepto de democracia, donde se supone que gobernamos todos, pero votamos por personas y rara vez por proyectos que realmente impactan nuestra salud, convivencia y estilo de vida (como por ejemplo el transporte o las políticas públicas de salud), es que tenemos errados conceptos de autoridad, y queremos seguir todos los consejos o campañas que hacen.

No obstante, en la práctica existen estrategias para tener éxito, para crear y mantener una buena salud y para sentirse a gusto con los demás que no tienen relación alguna con las “autoridades” o con los “expertos” del tema. Si conocemos a personas que poseen a plenitud todas estas cosas, entonces lo que nos hace falta es descubrir qué es lo que ellos hacen, y aplicar sus métodos para producir resultados similares, ahorrándonos tremendas cantidades de tiempo y esfuerzos.

Debe ser en el campo de la salud donde existe la mayor cantidad de contradicciones, especializaciones y muchísima confusión. Usted podrá confiar en un especialista, o tal vez leer un libro que le indicará los métodos o los fármacos que le permitirán librarse de tal o cual enfermedad. Pero a veces esto no ocurre, y entonces prueba con otro especialista de una rama alternativa o con un libro más reciente, y resulta que estos contradicen a los primeros dejándolo aún más confundido.

Lo peor de todo es que muchas veces son profesionales altamente calificados, incluso con doctorados, e igualmente se contradicen en casi todo. Y es ahí donde uno comienza a darse cuenta de que ya no necesitamos tantos títulos, sino RESULTADOS. Y puede que encuentre en cada caso una parte del resultado que espera.

Experiencia personal del Director

Cuando era un atleta, pasé un tiempo aceptando correcciones inútiles de diversos profesores. Al poco tiempo e instintivamente busqué a los más destacados; les pedí consejos, les consultaba por la alimentación que tenían y los seguía en el gimnasio. Busqué a quienes estuvieran obteniendo resultados más rápido, personas a quienes pudiese admirar en su aspecto y/o salud. Les pregunté cómo lo conseguían, los acompañé a sus rutinas y me dediqué a hacer consecuentemente lo que resultaba mejor.

Hoy puedo ayudar a otros atletas a conseguir notables resultados en menor tiempo, y ahora me dedico a estudiar incesantemente a personas que han logrado bienestar, mejores relaciones y la forma de ser un mejor padre. Sin embargo, antes de leer un libro, reviso si el autor tiene los resultados que promete o los que yo necesito, y este es uno de los motivos que muchas veces me lleva a La Biblia.

Reúnase con esos amigos, familiares o conocidos que lo motivan, llenan de energía y alegría. Vea programas educativos, lea buenos libros y revistas que mejoren en algún aspecto su experiencia de vida. Y evite lo más que pueda la contaminada programación oficial.

Esperamos que esta edición sea un aporte y de su agrado, y los estaremos acompañando nuevamente el mes que viene, si Dios así lo quiere.

¡Un gran abrazo!

El “poder” de poder decidir es igualdad

Por Equipo el Guardián

El término “poder” se utiliza para describir la facultad, habilidad, capacidad o “autoridad” para llevar a cabo una determinada acción, lo que necesariamente implicaría poseer mayor fortaleza intelectual y/o corporal.

No obstante, el uso más habitual del término se refiere al control, imperio, dominio y jurisdicción que un hombre dispone para concretar algo o imponer un mandato. Así, el poder se relaciona con gobierno, o con otorgar la facultad para que un ser humano –en representación de varios–, pueda llevar a cabo cierto plan.

Hay un deseo de poder en cada uno de nosotros

El célebre psicólogo de la Universidad de California, en Berkeley, Dr. Dacher Keltner, sostiene que: “El poder es algo inherente a la condición humana, y va más allá del poder que ejercen los políticos o la policía. Está presente cuando un niño hace un berrinche para que su padre le compre un dulce, el uso de la sensualidad de una mujer para conseguir lo que quiere, o la invención de consignas para ofender a gobernantes en protestas políticas.

El poder no es algo que debemos (o podemos) evitar, ni es algo que pasa necesariamente por la dominación y la sumisión. La sociedad humana está inmersa en la dinámica del poder”.

Para lograr “igualdad” necesariamente se requiere de garantía, transparencia y facilidad de acceso a la información. De esta forma, se pueden tomar decisiones responsables sobre aquello que puede afectar nuestro ser de forma física, mental o espiritual. La decisión es el acto más importante de apropiación y uso efectivo de poder.

El pintor y escritor español Santiago Rusiñol (1861-1931) escribió: “Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil. Por eso el comunicador tiene menos mérito que el abogado o el curandero”.

Gracias a Dios, el dolor de muchas personas afectadas de forma negativa (por las vacunas, por ejemplo), ha motivado a muchas más a tomar conciencia y buscar información; y hoy están logrando disipar el miedo, la vergüenza y la culpa, sentimientos promovidos masiva y mediáticamente para opacar nuestro verdadero poder de decisión.

Somos los únicos capaces de juzgar nuestras acciones, y es nuestra responsabilidad corregir, aprender y, si fuese posible, reparar errores. El poder creador es del Creador, pero el poder transformador debe venir de nosotros; es decisión. Lo difícil siempre es decidir cuándo comenzar; pero una vez que empiece a decidir en forma consciente podrá transformar los problemas en circunstancias, y a buscar la salud en lugar de evitar la enfermedad.

¡Hasta la próxima!

(Publicado originalmente en edición 151 de El Guardián de la Salud, en su versión impresa)